El ACV es una enfermedad que se presenta en dos formas: trombosis cerebral (isquemia cerebral) y derrame cerebral (hemorragia cerebral). Esto ocurre cuando una arteria que suministra sangre al cerebro se obstruye (trombosis) o se rompe (derrame), lo que resulta en la interrupción del funcionamiento neuronal. Los efectos pueden variar desde la pérdida de movimiento en una parte del cuerpo hasta dificultades en el pensamiento, el habla o incluso la pérdida de la conciencia.

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Un Accidente Cerebrovascular es una emergencia médica cuyo tratamiento inmediato puede salvar vidas y reducir la discapacidad. La atención temprana tras detectar los primeros signos de un ACV es vital para una recuperación óptima.
Es muy importante para las personas que están experimentando síntomas de un ACV llegar al hospital lo más rápido posible. Si el Accidente Cerebrovascular fue causado por un coágulo sanguíneo, se puede administrar un fármaco trombolítico para disolverlo.
La mayoría de las veces, los pacientes deben llegar al hospital dentro de un período de tres horas después del comienzo de los síntomas. Algunas personas pueden ser capaces de recibir estos fármacos hasta cuatro o cinco horas después del inicio de los síntomas.
El tratamiento de esta enfermedad, así como su tiempo de recuperación depende de su gravedad y causa, y aunque la mayoría de las veces requiere hospitalización, la necesidad de tratamiento a largo plazo difiere de una persona a otra. Los problemas para movilizarse, pensar y hablar, con frecuencia mejoran en las semanas o meses después de presentar un ACV, y en muchos de los casos el paciente seguirá mejorando en los meses e incluso años después de éste, contando con el acompañamiento adecuado.
El objetivo del tratamiento después de un Accidente Cerebrovascular es ayudarle al paciente a recuperar la mayor funcionalidad posible y prevenir accidentes cerebrovasculares futuros.